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19 de mayo de 2016

Antes, durante y después

El otro día fui al colegio donde el año pasado hice las prácticas. Un compañero de la  universidad estaba haciendo las prácticas en ese centro y con la misma profesora con la que estuve el año pasado. En la misma clase y una clase de 4º de Primaria, como cuando estuve yo. 

El colegio no se ha movido desde entonces, por suerte. La clase seguía siendo la misma, al menos aparentemente, aunque había menos mesas que el año pasado, al menos esas no se usaban tanto como el año pasado. Parecía que no había pasado el tiempo. 

Pero los niños que hay ahora no son los mismos que estaban el año pasado. Ni la profesora es la misma. Ni yo soy la misma. Si pudiera volver a las prácticas del año pasado... 

Por una parte, me hubiera gustado elegir este año el mismo colegio, pero por otra, creo que lo más valioso que tiene la profesión docente es la variedad. Hay profesores que me gustan más que otros, eso está claro, pero saber lo que hacen otros es esencial para aprender a dar clase. Me puede gustar más o menos, pero aprender aprendo igual. 

Aunque no es agradable ver ciertas situaciones y no poder hacer nada. Yo puedo hacerlo de otra manera, pero no puedo hacer que otra persona actúe como actuaría en su lugar. No puedo pretender lo imposible. Y más si no sé si lo que hago está bien o no. Lo único que sé es que a mi me funciona y sé que es así porque lo hago, no solo lo intento.

Siempre que me pongo a prepararme una clase, aunque sepa lo que voy a explicar, lo vuelvo a aprender. La mayoría de las veces son conceptos que en su momento aprendí, o memoricé en el peor de los casos, y que tengo tan asumidos que ni siquiera me planteo como los aprendí. Independientemente de que me acuerde de cómo lo aprendí, necesito volver a aprender y hacer consciente el proceso que hago cuando lo aprendo. 

Necesito saber qué es lo que voy a enseñar y cómo he aprendido individualmente lo que quiero enseñar.  Enseñar no es explicar, no es definir, no es dar una receta, no es memorizar, no es repetir, no es dar unos apuntes, no es dar una solución, para mí no. 

Enseñar es mucho más que todo eso, es un proceso mucho más complicado que aprender. Y aprender no es fácil. 

Quizá sea porque estoy muy sensibilizada a notar estos procesos, que por otra parte nadie me ha explicado, al menos esplícitamente, pero creo que todo profesor lo hace siendo consciente de ello o no. 

Cuando explico algo por primera vez, habiéndolo aprendido previamente, estoy muy pendiente de lo que pasa (si lo entiende o si no, si me explico bien o si no, si los conocimientos previos que necesita saber para comprender el nuevo contenido los entiende o si no, si puede haber problemas de aprendizaje detrás de esas dudas o no, en qué parte de la explicación se ha perdido y trabajar a partir de ahí, saber los motivos por los que no entiende). Por eso, estoy constantemente haciendo preguntas cuando algo no consigo que comprenda el contenido. 

No busco que llegue a una conclusión a la que tiene que llegar, si hago eso no consigo que piense en lo que está haciendo. Se convertirá en un "robot" y no reflexionará sobre cómo lo ha hecho. De nada me sirve que sepa resolver un problema si no entiende lo que hace.  Para eso no necesita a un profesor, necesita un libro de soluciones. 

En cambio, las sucesivas veces que explico algo es mas fácil y más complejo que la primera. Más fácil porque cuento con mucha más información que al principio y más complejo porque esa información que obtengo cada vez que lo explico condiciona y modifica mi manera de entender, de aprender y de enseñar ese contenido. Tengo una perspectiva mucho más amplia del contenido en concreto y mucha más información que hacen que mi esquema mental aumente en relación a esa información: aparecen nuevos conceptos que se relacionan directa o indirectamente, nuevas conexiones, posibles causas, posibles consecuencias, etc... 

Hay veces que mis mapas mentales  cambian y no soy consciente de dichas variaciones hasta pasado un tiempo. 

13 de marzo de 2016

Padawan descalza

No me creo lo que estoy viendo; no sólo no has cerrado la pestaña del blog al encender el ordenador, sino que también te vas a poner a escribir.

Y ese asombro, ¿a qué viene?

Dímelo tú. ¿Cuándo es la última vez que escribiste en el blog?

Hace un par de semanas creo que publiqué un post.

Pero ese no cuenta.

¿Por qué?

Porque no lo escribiste desde el ordenador.

Pero la pregunta no era esa, me preguntaste por la última vez que escribí y no desde dónde lo escribí.

Bueno, da igual. El caso es que nunca te has tirado tanto tiempo sin escribir en el blog. 

¿Y desde cuándo eso es un problema para ti?

Por desgracia, desde que decidí hablar contigo.

Pero no habíamos quedado en que soy una borde (contigo porque a PD parece que le caigo bien), una pesada, una desorganizada, una indecisa, una insegura, etc...

Eso te lo has dicho tú solita.

Tú no lo has insinuado nunca ni me lo has dicho directamente.

Bueno... Igual sí, pero no con esas palabras. 

Precisamente esas palabras no, pero el significado era muy similar.

Me dirás que no llevo razón.

No siempre.

¿Cómo?

Hay veces que sí la llevas.

Puedes repetir eso, ¿por favor?

Hay veces que llevas razón.

¿Y eso lo has descubierto tú sola o hay alguien te lo ha dicho?

Yo solita. No es malo reconocer los errores que cometo.

No digo que sea malo, sólo que me sorprende que reconozcas tener defectos.

Tengo menos defectos de los que tú piensas. ¿Qué tiene de malo ser desordenada?

Que no hay quien encuentre tus cosas.

Con encontrarlas yo, me sobra.

Pero es que hay veces que no las encuentras.

Son detalles.

¿Cómo tienes el escritorio de la universidad?

Más colocado que el de mi habitación. En mi defensa, estas semanas anteriores ha estado más desordenado que el viernes cuando la limpié.

Solo faltaba que limpiándola quedase peor. 

Puede ocurrir.

¿Y qué me dices de borrar los post?

Es un clásico, ya deberías estar acostumbrado.

Si sabes que lo vas a borrar, no lo escribas, guárdalo como borrador, o al menos no lo publiques. Como la última vez.

Pero eso no siempre funciona. Hay post que no quiero borrar, al menos por ahora, y hay otros que desearía no haber publicado.

Mmm... No me convence esa explicación.

Ni esa ni ninguna. Oye, ¿por qué estás tan raro?

Es que hacía mucho tiempo que no hablabas conmigo.

¿Me echabas de menos?

Un poco...

Así que no soy tan mala después de todo.

Yo no dije que fueras mala...

EJEM...

Bueno... igual un poco. 

¿Y...?

Vale, quizá me equivoque al principio....

¿Y...?

¡NO PIENSO DECIRLO!

¿Decir el qué?

Lo que quieres que diga.

¿Y qué es lo que quiero que digas?

¡¡ERES INSOPORTABLE!!

No estaba pensando en eso.

¿No tienes otra cosa mejor que hacer?

Ahora que se ha puesto interesante la conversación, no.

...









Sigo esperando...

¿A qué?

Ya sabes a lo que me refiero.

Te lo dije muchas veces.

Mentira.

¿Alguna vez?

Como sigas así no me lo vas a decir ni una sola vez.

No eres mala.

¿Y...?

¡¡¡QUÉ GANAS TENGO DE QUE TE VAYAS DE UNA VEZ!!!

Joder, ¿tan difícil es decir algo bueno?

Tienes tatuajes.

Me he perdido. ¿Acaso tiene algo de malo?

No, supongo. 



2 de diciembre de 2015

"Dale la buena noticia"

Últimamente no tengo tiempo de usar el ordenador  para lo que quiero,  siempre lo uso para hacer mis "queridos"  diarios,  en realidad no sé  por qué hablo en plural porque siempre priorizo uno sobre los otros 2, y no dedico tiempo a lo que realmente quiero escribir.

Aunque es cierto que no escribo sobre cuestiones relacionadas directamente con la universidad,  sí  que escribo sobre lo que considero relevante.

Hay muchos tipos de momentos (dulces,  amargos,  rancios,  cariñosos,  relajantes,  divertidos,  etc...)  y no siempre se está  a gusto con el estado de ánimo que se tiene o con los que pasa alrededor,  pero en muchas ocasiones no depende de nosotros el estado de ánimo que tengamos sino que se ve influenciados por otros motivos.

Lo bueno de estar en un estado de ánimo "malo", o no deseado,  es que disfrutas mucho más  de las actividades que se salen de lo normal,  que tienen cierto carácter disruptivo con respecto a las expectativas que tienes y que se consideran feedbacks negativos.

En estas semanas no hay mayor feedback negativo que entrar a la habitación de mi niña y que le diga su madre "dale la buena noticia".

Ayer,  rebuscando por los papeles que he ido acumulando estos años en la carrera,  encontré  unos cuestionarios que me pasó  la profesora del colegio en el que estuve  de prácticas este año.  Sin duda una de las mejores experiencias que tuve este año.  Y no me acordaba que le había  dicho a "Jalal"  que me escribiera su nombre en árabe.

Creo que no hablé  de él en post anteriores pero lo cierto es que ayer me alegró  el día.  Aunque las primeras sesiones no le daba yo las clases,  sino que me limitaba a ver cómo lo hacía  la profesora y ayudarla cuando me lo pedía, las últimas sesiones era yo quien estaba con él y las disfrutaba mucho.

Me encantaba su afán  por hablar pero a la vez era aparentemente imposible porque el idioma no era el mismo y las clases eran para que aprendiera castellano.  Cuando era yo la profesora,  hacía  más hincapié  en la comunicación  oral que en la escrita,  por lo que la interacción  era totalmente diferente.

El caso es que un día  le dije que escribiera su nombre primero en castellano y luego en árabe.  Le gustó  tanto que escribió  otra palabra, no sé  si mi nombre o algún  otro.

Hasta ayer no me acordaba dónde  estaba ese papel,  de hecho pensaba que se lo había  quedado él o lo había  perdido. Pero descubrí  que estaba detrás del cuestionario que me dejó  la profesora.

Hay detalles que hacen que un estado de ánimo cambie.  Además,  un estado de ánimo  es complejo emocionalmente porque las emociones son muy complejas y dinámicas,  por lo que puede  ser relativamente fácil,  o no,  cambiar anímicamente.

8 de septiembre de 2015

Momentos



Llevo unos minutos pensando cómo empezar este post. Llevo un tiempo queriendo escribirlo, pero por mi experiencia en el curso de verano del 2013, sobre el autoaprendizaje a lo largo de la vida, prefiero dejarme un tiempo para asimilar lo que ha ocurrido en tan poco tiempo y poder organizar  y estructurar lo que ocurrió. 

Tanto el curso de verano del 2013 como el de este año, tal y como están enfocados, requieren una participación activa tanto física como mentalmente, ya sea cambiando físicamente del lugar en el que te encuentras, para ser más consciente del lugar que ocupas y conectar con uno mismo, o mentalmente, evadiéndote o no, focalizando o no, desvinculándote o no de las experiencias. 

Al principio, me pareció una tontería tomar conciencia del lugar que ocupabas, del sitio que elegías para sentarte o si quiera priorizar o darme cuenta de cómo estaba respirando, al menos en un contexto diferente a cuando estoy en el gimnasio, por ejemplo. Además, no consideraba tan relevante un lugar determinado desde el que realizar una actividad. 

Siguiendo mi experiencia en el gimnasio, en el que estaba hace unos meses, no sabía el motivo pero siempre elegía la misma bicicleta, de hecho si no estaba esa libre, estiraba o calentaba hasta que pudiera coger esa. No sé qué le diferenciaba del resto o qué me hacía no montarme en otra que aparentemente era igual. Puede que no fuera la misma bicicleta siempre y que únicamente la eligiera por el sitio en la que estaba ubicada, es decir, no me importaba la bicicleta, sino el lugar en el que estaba la bicicleta. 

Una de las actividades que más me gustó realizar a lo largo de la semana que duró el curso de verano, fue la que realicé con una persona que no conocía y que llegué a conocer sin apenas hablar. Era un ejercicio guiado por el profesor en el que comenzabas a focalizar o prestar atención a determinados aspectos de la cara de otra persona que no conocías, al menos resultaba más interesante realizarlo con una persona que no conocieras previamente. 

Como el ejercicio estaba basado sobre todo en el lenguaje visual, la mirada se convirtió en la manera que teníamos para comunicarnos y comenzar una conversación silenciosa. Al principio, me resultaba muy complicado mantener la vista en sus ojos cuando me miraba porque era la manera en la que conectábamos y el hecho de retirar la mirada parecía que era no permitir que la otra persona sepa cómo eres o cómo estás, es decir, cancelar la conexión y no querer que la otra persona sepa cómo eres o cómo te encuentras. Principalmente la que retiraba la mirada era yo.

Como buena miope desde hace muchos años, la búsqueda de la mirada de otra persona es esencial para mi,al menos cuando estoy hablando con esa persona. Es algo que inconscientemente busco como una manera de saber y hacer saber a la otra persona que le estoy escuchando, aunque no siempre sea así.

Pero en ese ejercicio fue muy diferente, ya que la comunicación verbal brillaba por su ausencia, al menos en la mayor parte del ejercicio, Por lo que tuve que recordar parte de las experiencias que había tenido en la asignatura de Habilidades de Counselling, pero desde un punto de vista diferente, ya que no solo era yo la que observaba a la chica, sino que ella también me observaba a mí. Hubiese sido muy diferente si el ejercicio no hubiese sido simultáneo, es decir, si primero hubiese sido una la que hubiese observado a la otra y luego hubiese cambiado.  Ese fue un ejercicio que hicimos los primeros días. 

La mayor diferencia entre ambos cursos de verano no está en el contenido, de hecho creo que están más vinculados de lo que puede parecer a simple vista, o al menos cada vez los veo más parecidos, sino en cuando a la intensidad y vivencia del curso, es decir, a cómo me sentía yo tanto fuera como dentro de cada uno de los cursos de verano. Un cambio muy significativo porque aunque el primero fue mucho más intenso, con horario de mañana y tarde, el segundo lo viví con más intensidad emocional y sintiendo más, vinculándome más con las experiencias que elegía, en comparación a la que elegí en el curso de verano del 2013.

Esto quedó reflejado en lo que me pasó el jueves. Empezó muy bien, o al menos eso pensé, porque realizamos una dinámica guiada en la que conectamos con nosotros mismos, cómo eramos de pequeños, cómo habíamos sido, cómo eramos en varios contextos (con la familia, con los amigos, con los desconocidos, con nosotros mismos, lo que nos gustaba de nosotros, lo que no nos gustaba, lo que queríamos cambiar, lo que no, et...) y cómo queríamos ser. Sorprendentemente para mí, me quedé tan relajada que se me durmieron los dos brazos de tal modo que no los sentía y no los podía mover. Me sentía muy bien porque hacía mucho tiempo que no me sentía así, de hecho que recuerde es la vez que más relajada he estado. 

Lo "peor" vino en la actividad siguiente, en la que teníamos que representar en una careta en blanco cómo somos. Parecía sencillo, pero para mí no lo fue, de hecho no hice ni esta actividad ni la siguiente. No era capaz si quiera de tocar la careta y no era por mi miedo a ella, sino porque no sentía que fuese mía, no podía diferenciarme de ella. La imagen de arriba es lo que hice con las indicaciones de lo que debíamos hacer en la actividad que no realicé.

En 2006, estando en 2º de la ESO sufrí bullying. En  mi casa no se habla de lo que pasó, simplemente pasó y ya está, pero lo cierto es que hasta hace unos meses no me había dado cuenta de cómo me había afectado en mi personalidad, en mi forma de ser, en la manera en la que me concibo, en la manera en la que me relaciono y en la que no me relaciono con los demás. 

Recuerdo que de pequeña era muy extrovertida y no me asustaba nada ni nadie, estaba dispuesta a explorar y a descubrir lo que estuviera a mi alrededor, hablaba con todo el mundo, hablaba a todas horas. 

Pero después de eso todo cambió, mis padres y mis hermanos me protegieron más queriendo evitar que me volvieran a hacer daño y estaban más pendientes de mí. Yo no salía de casa sin mis padres, no quería salir y no por miedo a que me hicieran daño a mí, estuve un curso académico siendo acosada, sino que por el hecho de que me hicieran daño a mí y, como consecuencia, mi madre sufriera (lo que me hizo contar todo lo que me había estado pasando durante los últimos meses).

Volviendo al curso de verano de este año, la sesión del jueves, y después de realizar la dinámica guiada que tan relajada me dejó, no puede no acordarme de lo que pasó y a volver a vivenciar todo lo que había pasado esa tarde de primeros de junio y en lo que me había convertido después de ese día. 

Así que cuando el resto estaba pintando su careta, yo luchaba por no romper a llorar por lo mismo que no le había dicho a mi madre que estaba sufriendo bullying, pero en este caso estaba mi prima que no sabe nada de lo que pasó. No me pude reprimir y comencé a llorar, pero intentando que no fuera a más. Miraba a la careta que tenía en frente y me ponía peor hasta que un comentario de mi prima me hizo salir de la clase y encerrarme en el baño. No quise salir, solo quería tranquilizarme y sabía que la única opción era llorando. 

No sé cuánto tiempo estuve, pero siempre que se acercaba alguien para preguntarme sobre cómo estaba o que volviese porque iba a comenzar una nueva dinámica, volvía a romper a llorar. Al cabo del tiempo me tranquilicé y pude desvincularme de la experiencia y comenzar a objetivarla poco a poco. 

Continué en la clase después del descanso por mi prima, aunque después me enteré que también le costó realizar las actividades de aquel día. Cada vez que me acordaba volvía a llorar, pero al menos era capaz de tranquilizarme sola y desvincularme tanto de la experiencia previa como de la que acaba de ocurrir. 

Pese a la reciente experiencia del jueves, el viernes me ayudó a ver con mayor perspectiva lo que había pasado no sólo el jueves, sino el resto de la semana y pude ver el curso de verano como un conjunto de actividades que tenían un objetivo común y no como actividades aisladas, relacionar las sesiones y las actividades.

Con lo que me quedé del curso de verano es que aunque considere algo como bueno o malo, no quiere decir que lo sea, etiquetarlo como bueno o malo es un juicio subjetivo. Para mí lo peor del jueves no fue conectar con mi experiencia, sino que eso me sirvió para objetivarlo y verlo desde una perspectiva diferente y poder comenzar a actuar y cambiar aquello que no consideraba y considero que sea mío, a tomar conciencia de cómo he sido durante varios años, algo aprendido y adquirido como propio, y cómo quiero ser sabiendo que lo que he sido durante los últimos años no es verdaderamente cómo soy, sino que yo soy quien decide cómo soy o cómo dejo de ser. 

Esto tiene mucho que ver con el ciclo de satisfacción de necesidades y de defensa (Katzeff, Perls y Zinker). 














9 de julio de 2015

Comienza la cuenta atrás



Hace unas semanas que se terminaron las clases y los exámenes de este curso, para mi sorpresa todo bien, al menos académicamente hablando. En realidad, no sé como denominar este curso porque no ha ido todo lo bien que me tendría que haber ido pero no me fue todo lo mal que pensaba que me iba a ir. 

El año pasado una profesora me propuso realizar una beca de investigación en 3º curso y me dijo que los dos últimos años de la carrera son los que más cuentan a la hora de hacer la media, o al menos creo recordar que era así. 

Fuera como fuera, este curso ha sido un fracaso desde mi punto de vista, un fracaso en el sentido de que no me siento orgullosa de mi progreso durante este curso, algo que no podía notar durante el curso, sino un tiempo después.

Tengo la sensación de que no he disfrutado de este curso, de hecho se me hace raro que haya pasado un año porque lo que deseaba hace unos meses ha pasado a un segundo plano y no he podido disfrutar y valorar este curso. 

La de horas que he estado en cafetería pudiendo estar en clase sin motivo aparente más que rebeldía o dedicarme tiempo a mí misma. En ese momento, y ahora, no consideraba que estaba perdiendo el tiempo, simplemente no veía sentido a esas clases y no me importaba estar sola, de hecho prefería que así fuera.

Me arrepiento de no haber hecho ciertas cosas, no haber dedicado tiempo suficiente a la investigación, a mejorar mi expediente, a ser más consciente de que independientemente de lo que piense de las notas en el mundo real no se tienen en cuenta aspectos cualitativos...

Pero entendía que aunque lo estuviera pasando emocionalmente mal durante estos meses, tenía que continuar con mi vida. Esas emociones durarían un tiempo, no tendrían el mismo grado de intensidad siempre y tenía que aprender a gestionarlas y controlarlas aunque no me sintiera cómoda con ellas.

Sabía que iba a llegar un momento en el que no podría continuar ocultando esas emociones y terminaría exteriorizándolas, y así ocurrió, aunque para mí no fue el mejor momento. En realidad, ese momento no fue ni bueno ni malo, aunque lo etiquete como "malo", sino que simplemente ocurrió. También sé, o al menos estoy empezando a ser consciente de ello, que esas emociones están comenzando a cambiar y a cobrar otro sentido para mí.

Cuando me recuerdo a mí sintiendo esas emociones, soy capaz de objetivar (no sé hasta qué punto) esas emociones subjetivas. Este aspecto es el más importante, o al menos uno de los más relevantes y complejas del curso de verano. A nivel personal, considero que es muy complicado objetivar mis propias emociones y que es mucho más fácil objetivar las emociones de otra persona. No es lo mismo sentir la emoción que recordar cómo te sentías con la emoción, pierdes información importante que le afecta. 

No me siento igual al recordar una emoción que cuando la estaba sintiendo, el estado de ánimo no es igual. Cuando se habla de "una emoción", ésta no se encuentra aislada sino que se sienten varias emociones a la vez y una se prioriza sobre "las demás". 

Cuando estás "acostumbrado/a" a estar en un estado de ánimo continuado en el tiempo, no eres capaz de diferenciar los grados de intensidad de una emoción. El hecho de que no seas capaz de notarlos no quiere decir que la emoción no cambie, seguramente cambie pero no seas capaz de notarlo. En cambio, cuando el estado de ánimo cambia, puedes notar los distintos grados de la emoción, o al menos es más fácil de notar los cambios. 

Es como tener un "mal día": puedes pensar que tienes un "mal día" y aunque te pasen cosas "buenas" no le das importancia pero sí se lo das a lo "malo". O al revés, puedes tener un "buen día" y priorizas lo "bueno" sobre lo "malo". Etiquetarlo como "bueno" o "malo" no lo convierte en "bueno" o "malo".


19 de junio de 2015

¿Fin? (pos-it 19/06/2015)

El tiempo es muy relativo: igual pasan días y no te das cuenta o igual pasan 30 minutos que se te hacen eternos.

Ayer no publiqué nada, no porque no tuviera nada que decir sino porque llegué a un punto en el que me bloqueé a mi misma.

Conforme fue avanzando el curso, la meditación fue cobrando mayor importancia sobre todo a la hora de trabajar de manera autónoma y consciente la gestión y el control de nuestras emociones.

Para mí es mucho más fácil ayudar a que otra persona gestione sus emociones, su estado de ánimo, sus sentimientos y sus sensaciones que las mías propias. Personalmente, creo que el motivo es porque no sé quién soy y no sé en quién quiero ser.

Ayer me sentí como Darth Vader cuando se da cuenta de que él no es él, no es más que una construcción que otras personas han hecho sobre él en un momento de su vida, pero eso no significa que sea así realmente.

Lo complicado en este tipo de situaciones es diferenciarte de tu propia careta (como en los ejercicios de ayer), es decir, establecer los límites entre tú y tu propia careta. Cuando eres tú quien se ha impuesto esa careta, eres consciente de que la tienes, sabes los motivos por los que la tienes e incluso puedes decidir tenerla o no. Pero cuando no eres tú quien ha decidido la forma de la careta, el color, el tamaño, siquiera si querías ponerte la careta, es mucho más complicado quitarse la careta.

Siguiendo con el simil, los motivos que llevan a Anakin a "convertirse" en Darth Vader son muy distintos durante cada uno de los episodios. El hecho de que sea más consciente o menos es otro tema.

Puede que no se sienta a gusto siendo como es, o como han querido que sea, pero eso no quiere decir que quiera o se plantee cambiar.

Cuando ocurre el cambio físico, cuando aparece por primera vez Darth Vader en la película, el proceso de cambio en Anakin se había producido mucho antes y mucho más rápido de lo que él pensaba. Él se sentía defraudado porque no estaba recibiendo el apoyo de Obi-Wan y eso le genera rabia hacia él. Llega hasta tal punto su rabia, su odio que le culpa de los males que le ocurren, aunque la posición de Obi-Wan no fuese en ningún momento que Anakin le odiara.

Anakin solo era capaz de notar el cambio en Obi-Wan, mientras que él consideraba que no había sido el que había cambiado de los dos. Se pensaba que Obi-Wan era el origen de todos sus males y que acabando con él acabaría también el sufrimiento, la rabia, la ira, pero no precisamente a quien había alimentado esas emociones desde el primer momento.

Puede que Anakin solo le quisiera echar las culpas de todos sus males a  Obi-Wan para que le ayudase, pero tampoco se dejaba ayudar.aunque notaba que ya no podía controlarse. La mejor manera de terminar con los males  que le habían ocurrido a Anakin era acabar con Obi-Wan y cuando Obi-Wan quiso así ocurrió.

Hay un cambio muy importante que sufre Darth Vader y es el darse cuenta de que todo aquello que había estado viviendo los últimos años era una gran mentira: el odio focalizado en Obi-Wan, la pérdida de sus hijos y de su mujer, la pérdida de su propia identidad y el estar solo. La aparición de Luke en su vida transforma su manera de percibir el mundo y de relacionarse con los demás.

A partir de ese momento, comienza a tomar conciencia de su propia máscara y es capaz de objetivarla, de verse en comparación a años anteriores y comprender quien verdaderamente es el culpable de sus males. Hay un momento de la película en la que se salda la batalla entre Darth Vader y Anakin, sin lugar a dudas una de las más intensas de la película. El umbral de dolor físico y emocional que es capaz de soportar Anakin (y Darth Vader) es muy grande cuando se trata de sí mismo, pero no cuando le ocurre a su propio hijo, a uno de los suyos. Es lo que le lleva a ACTUAR y lograr superar la barrera que le había impedido ver lo que estaba ocurriendo.

Este proceso es mucho más complejo, pero creo que es un muy buen ejemplo donde se puede observar el ciclo de las necesidades que estuvimos trabajando ayer.

Como mencionaba anteriormente, ayer fue un día muy intenso a nivel emocional porque no me siento cómoda trabajando conmigo misma y la vinculación con la careta no me ayudó a sentirme mejor. Sobre todo porque no sé quien soy, no sé los límites que hay entre mi careta y yo, no soy capaz de identificarme con una careta si verdaderamente no sé cómo soy. Sé que en un momento determinado de mi vida me han hecho cambiar y yo he adquirido esa careta sin cuestionarme si verdaderamente estaba conforme con ella, y estoy en ese momento en el que me estoy volviendo a sentir como antes de que me impusieran la careta. Soy consciente de que durante muchos años he tenido una careta pero no sé que hay debajo de esa careta.

Parece mentira que después de 23 años no sepa cómo soy, no sepa cómo comportarme, cómo relacionarme.  Lo que sí sé es que quiero ser yo quien decida cómo quiero ser, darme un tiempo para conocerme y cambiar porque yo quiera y no por agradecer a alguien que no sea a mí.


17 de junio de 2015

Pos-it 17/06/2015

Llegados a este punto en el que estamos a mitad de un proceso de asimilación-acomodación de conceptos, comienzo a ser más consciente y autónoma a la hora de explorar mis experiencias del mismo modo que soy capaz de tomar cierta perspectiva sobre mi propia experiencia y sobre mí misma.

Voy siendo capaz de desvincularme de las experiencias que estoy explorando, junto con las emociones que evoco, y a la vez puedo ver esa experiencia desde una perspectiva diferente que me ayuda a reinterpretar o darle otro sentido a esa misma experiencia.

Es cierto que la capacidad o habilidad que tenemos de explorar las emociones propias, de sentirlas y poder trabajar con ellas, no siempre es fácil. Puede que nos resulte más fácil trabajar con nuestras propias emociones y/o puede que también nos ocurra lo mismo sien lugar de explorar nuestras emociones son las de otra persona.

En este caso, cuestiones relacionadas con la facilidad o dificultad de abrirse emocionalmente a otra persona o de explorar tus propias experiencias cobran importancia. Puede que quieras contar tus preocupaciones, tus miedos, tus anhelos, tus avances, tus alegrías, tus objetivos a alguien con quien tienes cierta confianza o no, pero no lo hagas porno querer asimilar que te esté pasando, por no querer hacer frente a lo que te está pasando, porque no consideras relevante lo que te está pasando,porque no es el momento oportuno, porque consideras que esa persona no tiene por qué saber cómo estás o cómo dejas de estar, porque en ese momento no estás priorizando cómo te sientes verdaderamente porque tienes miedo a que te haga ciertas preguntas.

En uno de los ejercicios de hoy, hemos tenido que explicitar que emociones habíamos sentido durante una escena de la película. Personalmente, no he tenido la misma experiencia previa que el protagonista, pero sí que lo he vinculado con una experiencia personal en la que aunque era evidente que pasaba algo, ocultaba que fuera así.

Para mí, las emociones más intensas que he experimentado han sido con las personas más importantes de mi vida. Quiero decir, el grado de emoción está vinculado, o al menos en mi caso, a la relación que tenga o haya tenido en ese momento con esa persona. Esto se verá afectado en como exteriorizas o no esas experiencias o emociones.

16 de junio de 2015

Pos-it 16/06/2015

Hoy ha salido una cuestión interesante acerca del contenido conceptual del cursillo,  más  en concreto en aquello que ciertas personas denominaba como aquellos contenidos que pretende el profesor que tengamos al finalizar el cursillo.

Desde mi punto de vista, las expectativas tanto del profesor como de nosotros no es algo estable,  sino que los contenidos,  la metodología,  los asuntos sobre los que se trabajan y las expectativas del curso se van construyendo a sí mismos en el sentido que el cursillo va cambiando y tomando un camino conforme avanza el tiempo.

Sobre todo en este tipo de metodologías en la participación activa o no por parte de todos,  no se puede considerar como algo estático e inmutable, todo lo contrario.

Aunque se considere como algo estático,  al tratarse de experiencias subjetivas no puede darse una única respuesta a una pregunta.  Por ejemplo,  la alegría significa o implica ciertos recuerdos  o evocar ciertas experiencias relacionadas con esa emoción.

Una misma experiencia puede ser catalogada o etiquetada por una persona como algo bueno  y por otra como algo malo.  Tendrá una etiqueta buena o mala en función de la experiencia previa de cada uno.

Para mi,  lo más importante durante los primeros ejercicios del curso o durante las primeras sesiones no tiene tanto que ver con la manera en la que voy dando sentido o apropiándome del cursillo,  el valor que tiene para mi,  sino con explorar y sentir o sensibilizarme para poder sentir aquello que estoy explorando.  Aunque eso me haga no llegar a comprender los motivos por los que hacemos una serie de ejercicios a lo largo de la sesión,  para eso está  la revisión.


15 de junio de 2015

Pos-it 15/06 /2015

Hoy ha comenzado el cursillo de verano en que me apunté sobre educar en la interioridad.  Como no tengo tiempo para escribir desde el ordenador,  y creo que al igual que me pasó en el curso de hace 2 años soy mucho más consciente del proceso y del sentido que tiene el curso para mi,  estoy escribiendo desde el móvil.  Eso sí,  de manera mucho más escueta tanto porque no tengo tiempo como porque no me gusta escribir textos escribir textos excesivamente largos desde el móvil.

Además,  no quiero verme influida por la manera en la que voy dándole un sentido propio al curso,  al menos no explicitarlo en el bloque hasta que haya pasado el curso entero.  Eso no significa que no esté significando nada  para mi,  que no dé sentido a lo que estamos dando.

Hay un aspecto que me ha llamado la atención porque no es la primera vez que me pasa con el profesor.  No sé si solo me pasa en sus clases,  pero soy consciente de ello en sus clases.

Uno de los ejercicios que hemos hecho ha sido explorar subjetivamente una experiencia de manera autónoma siguiendo una serie de indicaciones por parte del profesor.  Ha sido un ejercicio de vinculación y desvinculación  con nuestra experiencia en función de si estábamos atendiendo a ella o no,  si nuestra atención estaba focalizada en ella o no.

La experiencia de hace 2años era realizar un ejercicio para controlar precisamente la atención y el interés por la lección que se impartía ese día. El ejercicio servía tanto para ser más  conscientes nosotros mismos de si estábamos atendiendo y si nos parecía interesante o no.

La principal diferencia entre una y otra es que la de hoy ha sido guiada,  mientras que la de hace 2 años fue mucho más autónoma. Aunque ambas trabajan los mismos conceptos,  se juega o se pretende jugar con el consciente y el inconsciente.

Tanto en una como en otra me he dado cuenta que no soy capaz de acompasar al profesor.  Sobre todo en la de hoy. No porque no le oyera sino de manera autónoma estaba vinculándome y dwsvinculándome sin necesidad de que lo dijera.  Sabía  que hablaba porque le escuchaba pero no sabía hasta que punto estaba conscientemente priorizando la experiencia,  explorándola y vivenciándola.  Pero conscientemente no quería vincularme demasiado con esa experiencia.
El año pasado  en Counselling trabajamos estas cuestiones de manera mucho más explícita,  sobre todo con cuestiones vinculadas con el Focusing,  muy vinculado al cursillo de verano