24 de octubre de 2014

Meta-aprendizaje





Reconozco que estoy nerviosa por la resolución de la beca de iniciación a la investigación, no tanto porque evalúan al tutor de la investigación pero sí porque me evalúan a mí. Quiero decir, la evaluación del tutor tengo la certeza de que va a ser positiva pero no creo que pase lo mismo con la mía. 

Es cierto que cumplo con los requisitos para solicitar la beca, pero eso no quiere decir que esté cualificada, que esté preparada, que me concedan la beca. Es mucho más complicado de lo que parece porque depende de los aspectos en los que se fijen voy a tener más puntos o menos.

No sé cómo explicarlo, es algo que no depende de mí en este momento, pero si llego a saber que puedo solicitarla me hubiera esforzado en tener mejor expediente o en implicarme más en la universidad, algo que ya veo muy difícil entre el Departamento y el Programa Compañeros, supongo que en cierto modo hubiera hecho más hincapié en hacerme notar o no.

Me pilla tan de nuevas que no sé qué pensar, no sé qué hacer, solo me queda esperar.

Entre espera y espera, y en una de las clases que menos voy a echar de menos en toda la carrera, hemos realizado la última práctica de  física que ha consistido en una investigación grupal dirigida. Una de las actividades se llamaba “Metacognición- Metaaprendizaje” y me ha recordado que el martes me encontré a profesores de primero y estuvimos hablando. Me comentaron algo sobre metálogos, y como no sabía lo que era, cuando se fueron lo busqué y estuve escuchando las conversaciones que habían tenido sobre las clases de PDD.

Todo esto viene a que mientras estaba escuchando los metálogos, me puse a pensar en lo que había significado para mí la asignatura y lo diferente que sería cursarla actualmente. Parece algo absurdo porque es algo que se supone que sé o al menos algo que sabía en su momento, pero es que me he puesto a leer, sin saberlo, un post de uno de los profesores cuando era alumna suya, y aparte de que ahora tiene mucho más sentido el post de lo que lo tenía antes, no puedo hacerme la idea de por qué antes llegaba a una serie de conclusiones que no llego ahora y viceversa.

Es decir, no voy a decir simple porque no fue nada fácil analizar Do the opposite, pero recuerdo que en el momento en el que hace dos años leí la explicación que dio el profesor, si parecía tener sentido pero es que ahora entiendo mucho mejor su explicación y me cuesta entender más la mía.

Es muy raro porque parece que ahora todo lo de PDD está cobrando más sentido o le estoy dando más sentido de lo que le di inicialmente. Quizá en ese momento no estaba teniendo en cuenta la aplicación de lo que en sí es el temario de PDD, cosa que tampoco consideraba relevante en ese momento, pero eso no implica que conforme pase el tiempo no tenga sentido.

No quiero decir que el temario no tenga sentido, sino que cuando lo das por primera vez no tienes conocimientos pedagógicos o psicológicos para poder entender la transcendencia de esos contenidos. Motivo por el cual considero que ahora estoy entendiendo cosas que antes no entendía o en cierto modo no comprendía del todo o que pensaba que entendía pero ahora me doy cuenta de que no o no podía profundizar de la forma que puedo profundizar ahora. O al revés, no puedo llegar a conclusiones a las que podía llegar antes y por eso el sentido que le di a la asignatura es totalmente distinto a la que le doy con el paso del tiempo, que será muy distinto al que le dé en unos años. 

Cambiando de tema, soy consciente de que no hablé aún sobre cuál era el tema de la beca de investigación y todavía no lo voy a hacer. Pero tengo que decir que me está gustando más de lo que en un principio me gustaba y me está resultando muy interesante, sobre todo porque tiene mucho que ver con la docencia y me está ayudando a verla desde muchos puntos de vista.

16 de octubre de 2014

Muchos puentes



Uno de los aspectos que más me gusta de la carrera es el fuerte vínculo o la estrecha relación  que existe con la pedagogía, algo lógico por otra parte. Pese a ser tan clara esta unión no en todas las asignaturas se muestra una aplicación didáctica, o al menos una aplicación más o menos cercana que se pueda implantar en el aula. 

Está claro, o al menos para mí lo es, el hecho de que no en todas las asignaturas se tiene el tiempo suficiente para dedicar a realizar unidades didácticas lo suficientemente sólidas y mucho menos dedicarle el tiempo que esa tarea requiere. Algo que por otra parte no entiendo porque se supone que el 80% del trabajo del profesor, o al menos lo que mayor tiempo le lleva o le debería llevar, es la preparación de las clases, si algo tiene que versar en Magisterio precisamente es realizar una buena planificación de las clases, independientemente de que cada uno haga de su trabajo lo que le plazca, quiero decir, considero igual de importante tanto la formación en un determinado ámbito (Ciencias, Historia, Literatura, Matemáticas, etc..) que la formación didáctica, pedagógica y psicopedagógica de los profesores. 

En primero de carrera, el ámbito social que incluye la psicología y la didáctica que son básicas y gracias a ellas se elaboran las unidades didácticas, sobre todo partiendo de los procesos de enseñanza y aprendizaje y su aplicación el aula. Me hubiera gustado aprender a elaborar correctamente o al menos de manera lógica unidades didácticas, pero no es el caso.
Seguramente sea por una cuestión personal, pero creo que la asignatura de Didáctica no me aportó nada a la hora de elaborar unidades didácticas, paradójicamente. Lo único que hicimos de unidades didácticas fue hacerlas, sin saber cómo, o al menos yo no tenía idea de ello. De hecho aprendí más de unidades didácticas en otras asignaturas. 

Una de las metáforas finales que se utilizaron en PDD precisamente fue concebir la asignatura como un puente y describir nuestra posición tras ese tiempo transcurrido, es decir, una manera de autoevaluarnos a nosotros mismos y a nuestro aprendizaje. Al principio me pareció algo absurdo, en el sentido de que daba por hecho que superar la asignatura implicaba necesariamente haber cruzado el puente.

Pero aplicándolo a mi experiencia en Didáctica me pregunto “¿Qué puente he cruzado y cuándo?”. Puede que haya conseguido cruzar el puente de didáctica pero ¿De qué me vale si no he aprendido algo?

¿Qué significa cruzar el puente? ¿Aprobar? ¿Suspender? ¿Aprender? ¿Aplicar lo que he aprendido o saber hacerlo? ¿Por qué para algunas asignaturas lo que menos me importa es cruzar el puente, signifique lo que signifique? Si es así, ¿qué considero importante o por qué no considero que sea importante?

Parece una metáfora fácil pero nada más lejos de la realidad, quiero decir, damos significados distintos dependiendo de nuestro grado de implicación, sin tener en cuenta o pasando por alto aspectos diferentes que en otras situaciones si lo incluimos. Pero ¿cuál es el motivo? ¿Tiene algún sentido? ¿Por qué es un puente lo que hay que cruzar?

Puede ser que el puente no lleve una dirección correcta, puede que al cruzar te des cuenta de que haber llegado no te ha aportado nada o no has dado sentido al hecho de haber llegado. O el puente se bifurque en algún momento y tengas que decidir cuál de los dos elegir, cuál es el correcto y cómo saberlo. 

Seguramente, los profesores tengan claro dónde termina el puente, pero no tiene porque coincidir con el del alumno. En tal caso, ¿cómo se sabe o se puede saber donde ambos establecen los límites? ¿Qué límites prevalecen sobre cuáles?

Hay veces que cruzamos puentes sin saberlo, o no queremos cruzar los puentes porque el paisaje es aburrido o no nos gusta, pero el hecho de no cruzar el puente solo hace que el camino hacia el otro lado del puente sea más llevadero, tanto para los profesores como para los alumnos. No es lo mismo cruzar el puente sujetados todos por una cuerda que lleva el profesor a que cada uno vaya por libre o se creen grupos de trabajo o que en lugar de explicarlo el profesor lo explique un compañero. 


13 de octubre de 2014

"Pues como todos"





Echaba de menos escribir por placer y es que si el año pasado tenía poco tiempo libre, sobre todo en el segundo cuatrimestre, este año tengo menos aún. No es algo que me importe en exceso porque dedico el tiempo que tengo de dedicar a las asignaturas de manera más o menos equitativa, pero apenas tengo tiempo de escribir en el blog.

Suelo dedicar entre una hora o dos en redactar un post, es algo que en un principio no me cuestionaba, de hecho escribía sobre lo que quería escribir, pero no me paraba a reflexionar sobre lo que estaba escribiendo, algo que me es imposible hacer ahora.

Tengo unos cuantos post pendientes, entre ellos el del proyecto de investigación, pero precisamente porque tardo tiempo en preparármelos y reflexionar sobre ellos, el hecho de tener tan poco tiempo hace que no escriba, pero eso no quiere decir que no tenga ganas de hacerlo.

La clase del lunes de la semana pasada, en concreto la de Literatura, estuvo muy entretenida, no solo por la obra que teníamos que analizar, “La Celestina”, sino también por el comentario que hizo el profesor acerca de la obra. En un momento determinado del debate, se dijo que en la obra uno de los personajes iba a lo que iba (aspecto sexual) a lo que el profesor dijo “Pues como todos”. Menos mal que luego puntualizó diciendo “los de la obra”.

Fue gracioso porque de primeras ninguno nos esperábamos esa contestación viniendo del profesor y de segundas porque todos lo vinculamos con otro contexto más amplio que el propio de la obra.

No sé muy bien el motivo, pero esto me recordó a un ejercicio de vinculación de PDD donde el profesor nos dio una bolsa de la cuál teníamos que coger un bolígrafo, que nosotros mismos elegimos, luego nos lo quitó y finalmente pudimos quedarnos con uno. 

Es cierto que me costó más entender o completar el sentido de permanencia, es decir, cuando nos quitó el bolígrafo para mí no fue importante perder el bolígrafo porque apenas llevábamos 10 minutos, si llega, con él. En cambio, uno de Los Creativos hizo un comentario un tanto violento del tipo “como me lo quite, se lo clavo”. No deja de ser una broma pero me dio que pensar porque para mí era un simple bolígrafo, no tenía mayor sentido, quiero decir, antes no tenía ese bolígrafo y era feliz, mi vida seguía teniendo sentido sin el bolígrafo. Es cierto que al cabo de los meses, cuando casi lo pierdo sí que lo reconocía como mío, es decir, ya era posesión mía, pero recuerdo que las primeras semanas era “el boli de psicología”.

Hace un rato he leído un artículo que decía que un profesor no puede ser amigo de un alumno, es más que es ético que jueguen un partido de fútbol, por ejemplo. No entiendo el motivo por el simple hecho de que casi toda la gente a la que he dado clase y estoy dando son amigos, pero eso no afecta, o al menos yo no creo que afecte, a la relación entre profesores y alumnos. Los roles entre amigos y entre profesor-alumno son distintos pero eso no implica que dos amigos no puedan aprender uno del otro o que profesor y alumno no puedan ser amigos.

De hecho, considero que uno de los contextos donde más se aprende es con los amigos por medio del juego. Uno de los recursos que más utilizo para explicar matemáticas es por medio de los juegos. Personalmente creo que es un problema de mentalidad pensar que un alumno y un profesor no pueden ser amigos, ¿uno es superior a otro y por eso no pueden serlo? Otra cosa es el nivel de amistad que se establezca pero está claro que no son desconocidos en el proceso de enseñanza-aprendizaje.

Si uno de los dos se sintiera superior, el otro estaría en un escalón menos, por lo tanto no se podrían considerar de la misma “clase”. Es como pensar que un alumno no puede enseñar a un profesor ¿Quién dice que no? Está claro que hay un proceso de enseñanza aprendizaje y tanto uno como otro están desarrollándose tanto personal como profesionalmente. 

¿Acaso el hecho de que sean amigos influye negativamente en el proceso de enseñanza-aprendizaje? Quizá sea porque no veo viable una clase en la que los profesores se limiten a explicar y los niños a repetir como loros, pero sí que creo que tiene que existir cierta relación entre los profesores y los alumnos para que favorecer el proceso. 
 


Lo que hago, o al menos lo que intento cuando doy clases de matemáticas es que me lo expliquen ellos lo que entienden y lo que saben acerca de los problemas y a partir de ahí, no explicárselo directamente sino tratar de que sean ellos mismos quiénes lleguen a las conclusiones. Me parece mucho más productivo que explicarles directamente el ejercicio. Si no entienden algo es porque hay algo que falla en su razonamiento y saber cómo razonan es esencial para saber dónde fallan. Si se lo explico directamente puedo asegurar que lo van a entender, o no, pero seguramente mi razonamiento diste mucho del suyo, de modo que es preferible, o al menos prefiero, que sean ellos quienes me lo expliquen a mí cómo lo harían. 




1 de octubre de 2014

Mis inicios en investigación



Cuando me plantearon la posibilidad, remota y lejana para mí en ese momento, de participar en un proyecto de investigación, no como una encuestada o entrevistada, lo primero que me dijo mi padre fue: “Pero, ¿en educación se investiga?”. La respuesta me parecía tan obvia que ni le contesté y me reí. 

El primer año de carrera fue algo complicado: comenzaba a vivir “sola” en casa y todo lo que ello conlleva, empezaba de 0 en un sitio que solo conocía la biblioteca y el bar (por casualidad fue el sitio en el que me preparé la selectividad), no conocía a nadie y lo más importante en ese momento, y lo sigue siendo ahora, platearme si había elegido la carrera correcta o no. 

Es una cuestión que aún me ronda por cabeza pero quizá con menos influencia en mi toma de decisiones, en mi punto de partida, en mi forma de ser e incluso en el tipo de profesora que quiero llegar a ser.

Lo que considere ahora variará, y mucho, o no de lo que considere en un futuro, ya sea cercano o lejano. Está claro que no voy a ser la misma persona dentro de 10 años, o al menos no me gustaría serlo. No porque no me guste como soy ahora sino porque cambiar es un proceso inevitable, pero que en muchas ocasiones decidirnos por uno u otro es complicado, incluso cuando ya nos hemos decidido por uno, cambiar otra vez es complicado.

Es cierto que la decisión de comenzar magisterio no fue nada difícil, sino que me dejé llevar por lo que la gente me decía que  se me podía o no dar bien, sin cuestionarme siquiera si era lo que de verdad quería o si me veía en un futuro siendo profesora, que no era el caso ni lo es ahora.  Pero la decisión de elegir una universidad u otra sí que fue mía y es una de las decisiones que no me arrepiento de haberla elegido. No les dije a mis padres que quería estudiar en la UAH hasta que fue el último día para matricularme y, para mi sorpresa, dieron su aprobación. 

Los primeros 4 meses de carrera los recuerdo como si hubieran durado un solo día, principalmente porque creo que realizar un acercamiento a la docencia desde ese punto de partida te hace que tengas ganas de ir a la escuela, te hace sentir como cuando eras pequeño y estabas deseando que llegar tu clase favorita y se te pasaban las horas muertas. Es una sensación muy rara. Además, un aspecto muy importante en mi vida desde entonces fue conocer a la gente que se ha convertido en más que compañeros de clase, somos “Los Creativos”, y es algo que no cambiará, estemos donde estemos. 

Pese a esos meses iniciales, una parte de mí quería cambiarse de carrera, no solo porque al estar en contacto otra vez con una parte de la psicología, aunque para mí era desconocida (PDD como parte de la psicología evolutiva) me hizo recordar lo que me gustaban las clases de psicología con Maite en Bachillerato, sino porque el hecho de no verme como profesora dando clase, me hacía plantearme si de verdad este era el sitio donde tenía que estar. 

Aunque esa lucha interna continúa, llegué a un consenso conmigo misma, si conseguía tener la carrera de magisterio, haría la de psicología. Paralelamente, una de las profesoras de PDE, curiosamente había estudiado la misma carrera que estaba estudiando yo y en cambio era profesora de universidad, a efectos prácticos. Por lo que le pregunté lo que había hecho para llegar a donde estaba, que es lo que pretendía en ese momento, o al menos era un punto de conexión entre magisterio y psicología. Pero sinceramente no me hacía mucha gracia ser profesora de universidad, principalmente por desconocimiento del tema. 

Segundo de carrera ya fue otro cantar muy distinto porque ni yo ni la carrera éramos lo mismo que el curso anterior. Quizá estaba más encaminada hacia la docencia universitaria y comencé a percibir que aquellas premisas que consideraba fundamentadas y justificadas comenzaban a tambalearse, a lo que también ayudó acudir a las reuniones del departamento. Las prácticas también hicieron meya en mí y las asignaturas que nada tenían que ver con lo que yo pretendía, carecían de sentido y me centré en aquellas con carácter pedagógico, que para mi tortura fueron pocas. 

Dentro de todo este mar de nubes oscuras y tenebrosas, una de las personas que menos me esperaba me sorprendió. Después de la aventura del Portafolio de FPAD (lo mandé como 7 veces, y no es una exageración y solo llegó una), me respondió la profesora de la signatura felicitándome por el trabajo que había realizado, que no se lo dijera a nadie (obviamente “Los Creativos” lo supieron al instante) y que quería hablar conmigo el día de la reclamación de notas). Ya me sonaba raro de primeras recibir las felicitaciones de una profesora como para que me dijera que quería hablar conmigo. A todo esto se suma que 2 minutos antes habían publicado las notas de inglés y saqué un 5 (pelao´ y mondao´ como se suele decir, pero suficiente para aprobar) así que mi nivel de euforia en ese momento era máximo.

Entramos uno de “Los Creativos” y yo a hablar con ella, primero habló con él y le dijo que saliera. Si estaba nerviosa hasta ese momento, cuando nos quedamos solas estaba temblando, no sabía dónde mirar. Nunca se me olvidará esa conversación, solo quiero decir que fue el momento donde me he sentido más valorada como estudiante, sin pretender serlo. Y donde me dijo que si me gustaría participar en algún proyecto de investigación, tanto con ella como con otro profesor con el que había hablado. 

Nunca me he considerado una buena estudiante, no solo por los resultados académicos, sino porque considero que un buen estudiante posee muchas características de las que yo carezco, o considero que es así.

Lo único que sabía en ese momento, y siempre, es que las oportunidades hay que aprovecharlas y que es mejor que se arrepienta la otra persona a arrepentirte tú de no haberlo hecho, o al menos intentado. 

Para resumir un poco los últimos meses, comencé a transcribir unos datos cuantitativos  de una investigación, tuve que deliberar entre dos profesores para elegir el proyecto de investigación a incluir en mi solicitud de beca de iniciación a la investigación (aspecto que no fue nada fácil teniendo en cuenta los trabajos paralelos que hice con los dos) y ayer por la mañana entregué la solicitud.

El tema ya lo iré comentando por aquí en próximos post conforme vaya obteniendo información sobre él. 

No tengo ni la más remota idea de cómo funciona la investigación, lo que sí sé es que tengo ganas de empezar porque es lo más parecido que puedo hacer ahora vinculado a la docencia universitaria.