Hoy
hace 2 años que obtuve la respuesta al primer “examen” que realicé en la
universidad. Fue un examen poco convencional, o al menos distaba mucho de lo
que en ese momento denominaba examen. Era una manera diferente, muy diferente,
de evaluar en comparación a la que estaba acostumbrada. Aunque sí que es cierto
que tanto en Taller de Matemáticas en 4º de ESO y Psicología en 2º de
Bachillerato, no nos evaluaban con un examen explícito, en el resto de asignaturas
los exámenes tenían un gran peso en la nota final de la asignatura.
Como
ya he dicho, era un “examen” poco convencional que podría parecer fácil a
primera vista porque podrías tener todos los apuntes del curso a tu disposición
y dedicarle el tiempo que precises para llevarlo a cabo. Además, también tenías
la posibilidad de elegir dos preguntas entre un total de 4-5, creo recordar.
No
sé el motivo, pero el día 24 de Diciembre del año anterior mi madre se enfadó
conmigo, hasta tal punto que me ignoraba. Como no sabía por qué era opté por
hacer lo mismo hasta que se le pasara el cabreo. Me vino bien porque así tuve
tiempo y sobre todo silencio para poder realizar el “examen”. Tuve casi un mes
para realizarla pero visto el panorama tardé dos días en hacerlo.
Pese
a tenerlo hecho desde el 28 de Diciembre, no quise entregarlo porque tenía la
sensación de que estaba incompleto, o al menos no estaba segura de estuviera
bien, pero a la vez cuando lo estaba revisando consideraba que era lo que
quería escribir. Hasta que el día 2 de Enero me harté y lo mandé, sin
arrepentirme al segundo de habérselo mandado.
¿Lo
peor de todo? LA ESPERA. No sé qué fecha puso el profesor de tope, creo
recordar que a finales de mes. Así que pensaba que tendría que estar casi un
mes sin saber la respuesta. Tampoco taró tanto en contestar pero se me hizo
eterno.
A
lo que iba es que uno de los mayores miedos que tenía, respondiendo a una de
las cuestiones de autoevaluación era olvidarme de lo que estaba aprendiendo y
como respuesta obtuve que eso dependería de mí.
Mis
peores temores se hicieron realidad. Puedo saber, o al menos hacerme una idea,
los conocimientos o las ideas con las que era capaz de trabajar en el momento
en el que realicé el “examen” pero eso no quiere decir que recuerde la manera
que tenía de comprender o entender la asignatura de PDD. Es muy distinto, al
menos ahora lo veo así.
El
hecho de yo considerar que no iba a recordar los contenidos de PDD a lo largo
del tiempo era, o eso creo, porque entendía que yo no iba a cambiar. Desde la
primera clase hasta la última, se produjo un proceso de desarrollo, algo que en
la primera clase nos costaba darle sentido o al menos explicitarlo en un
dibujo.
Otra
pregunta del “examen” era reflexionar precisamente sobre el concepto de
desarrollo y lo que considerábamos en ese momento como un ejemplo de ello, en
comparación al dibujo elaborado el primer día de clase. Ni el concepto que
tenía de desarrollo el primer día de clase, ni los días sucesivos, ni el
último, ni pasado unos meses, ni ahora mismo, ni tan siquiera en unos años,
será el mismo. No solo porque yo no he sido, ni soy, ni seré la misma en un
futuro, y eso hace que yo misma sea el resultado de un proceso de y en
desarrollo, sino que el propio concepto de desarrollo lleva implícito la
inestabilidad.
Paradójicamente,
después de las semanas que duró la asignatura de PDD, de hecho unos meses
después, comenzó a cobrar mayor sentido los contenidos implícitos y explícitos
de la propia asignatura. Conforme pasaba el tiempo y era capaz de ir más allá
de esos contenidos puramente formales o contextualizados tanto en la carrera
como en el propio proceso evolutivo y en desarrollo (personal y
profesionalmente). Es decir, el tener la capacidad de explicitar que estás
aprendiendo o que alguien está aprendiendo algo para mí es un claro ejemplo de
lo que implica el desarrollo.
Todo
esto viene a que ayer estuve con la sobrina de mi hermano pintando en casa.
Aprovechando que me compré las ceras, y que desde pequeña me han gustado,
estuve viendo como la niña, con 2 años y medio experimentaba y DESCUBRÍA los
colores de cada una de las ceras. Me sorprendió mucho porque no sabía de qué
color era cada una de las ceras, pese a que cada una era del color que pintaba.
Hasta que llegó un momento en el que no le hizo falta pintar en la hoja para
saber el color de la cera. Es fascinante ser capaz de darte cuenta de eso, al
menos para mí lo fue.
Había
tenido la oportunidad de observar ejemplos de lo que denomino desarrollo,
al menos en este momento, en las prácticas del colegio, sobre todo trabajando
con los más pequeños.
Supongo
que será cuestión de tiempo profundizar en los procesos más complejos porque
aquellos procesos más o menos sencillos, o los que considero relativamente
sencillos, son en los que soy más consciente o al menos puedo saber, o hacerme
una idea de lo que está ocurriendo en dicho proceso.
Por
ejemplo, el aprendizaje es un claro ejemplo de desarrollo, tener la capacidad
de relacionar o interconectar conceptos que antes eran aleatorios, es decir,
producir un conflicto cognitivo que produzca o tenga como consecuencia un
cambio en los mapas conceptuales previos del que está aprendiendo. Este cambio
o esta ruptura con lo establecido puede hacernos pensar que estamos
equivocados, o al menos que algo (lo conocido o aquello por conocer o
descubrir) va a cambiar o no.
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